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Toda entera

viernes, 12 de abril de 2013
El demonio, en mi elevada habitación,
esta mañana ha venido a verme,
y, tratando de cogerme en falta,
me ha dicho: "Querría saber,


entre todas las cosas bellas
de las que está hecho su encanto,
entre las partes negras o rosadas
que componen su cuerpo encantador,


cuál es la más dulce". -¡Oh alma mía!
respondiste al Aborrecido:
"Puesto que en Ella todo es bálsamo,
nada puede ser preferido.


Cuando todo me cautiva, ignoro
si algo me seduce especialmente.
Ella deslumbra como la Aurora
y consuela como la Noche;


y es demasiado exquisita la armonía
que gobierna todo su bello cuerpo,
para que el impotente análisis
registre todos los numerosos acordes.


¡Oh metamorfosis mística
de todos mis sentidos fundidos en uno!
¡Su aliento produce música,
como su voz perfume!"


Las flores del Mal - Charles Baudelaire

Sigh no more

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Un fragmento de "El jardinero" de Tagore

viernes, 26 de octubre de 2012
Tus ojos me preguntan tristes y quieren ahondar en mi sentido como la luna en el mar.
Sin esconder ni retener nada, te he desnudado mi vida, desde el principio hasta el fin.
¡Por eso no me conoces!
Si yo fuera solo una joya, podría partirme en mil pedazos y hacerte una sarta para el cuello.
Si yo fuera solo una florecilla redonda y dulce, podría arrancarme de mi tallo y ponerme en tu pelo.
Pero ¿dónde están, amor, los confines de mi corazón?
Tú no conoces bien mi reino, aunque seas su emperadora. Si esto fuera solo un momento de placer, florecería en una sonrisa fácil y tú podrías verla y comprenderla en un instante.
Si fuera esto solo un dolor, se derretiría en claras lágrimas y tú verías lo más hondo de su secreto
sin hablar él una palabra. Pero esto es el amor. Su dolor y su placer no tienen límites,
y son sin fin en él necesidades y tesoros. Está cerca de ti como tu vida misma, amor mío,
¡pero tú nunca podrás llegar a conocerlo del todo!

Dentro de cien años...

Tú, que no sé quién eres; tú, que lees estos versos míos que tienen ya cien años, oye:
No puedo ofrecerte una sola flor de todo el tesoro de la primavera, ni una sola luz de estas nubes de oro. Pero abre tus puertas y mira; y coje, entre la flor de tu jardín, el recuerdo oloroso de las flores que hace cien años murieron.
¡Y ojalá puedas sentir en la alegría de tu corazón la alegría viva que esta mañana de abril te mando, a través de cien años, cantando dichosa!

Rabindranath Tagore

Ítaca

miércoles, 3 de octubre de 2012
Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.

Mi poema favorito, de Kavafis.

De aquí.

Pequeño vals vienés

lunes, 7 de mayo de 2012


Ad astra per absurdo

jueves, 19 de abril de 2012
When our universe is in harmony with Man, the eternal, we know it as truth, we feel it as beauty.

Tagore.

O Freunde, nicht diese Töne!

miércoles, 28 de marzo de 2012


Texto aquí :)

La música del momento...

jueves, 2 de julio de 2009

¡Río en el amanecer!

¡Agua en tus ojos claros!

Caer —¡subir!— en lo azul

transparente, casi blanco.

Cielo en el río del alba

—mi amor en tus ojos vagos—

oh, naufragar,

—¡ascender!—

¡siempre más hondo!

¡Más alto!...

Río en el amanecer...

Jaime Torres Bodet


Una de Bashō

viernes, 3 de abril de 2009

A una amapola

deja sus alas la mariposa

como recuerdo.

Matsuo Bashō

Cita a Bashō!! Es mi héroe!!!!!

jueves, 2 de abril de 2009

Let me be in your forest

En medio del camino de nuestra vida
me encontré por una selva oscura,
porque la recta vía era perdida.

Supongo que todo el mundo a esa edad se pregunta en qué bosque se ha metido (o lo han metido). Es cuando a uno le da por pensar en el sentido de la vida, del universo y todo lo demás. Y se ríe de él. Cuando piensas en si los árboles harán ruido al caer. O cómo suena un aplauso de una mano. O dónde está el pequeño saltamontes. Cuando nos acordamos de los ángeles, o dejamos de creer en ellos. Cuando pedimos por favor que nos recuerden. Cuando quieres vivir mil vidas en una. Cuando piensas seriamente en jugar a los dados. Cuando los reflejos que tienes son de Loréal. Cuando pasas del infierno al cielo en 0.1 segundos (y viceversa). En fin... Pilarín, esto empieza a parecerse a un anuncio de compresas, más que a una imitación mala de Chris. Pero no os preocupéis, que intentaré mejorar. Cada vez será... peor!!!!! Oh, no!!!!! aparecieron los cinco signos de exclamación de nuevo!!!!! Es hora de hacer Mutis por el foro... que no sé qué hará un botánico metido en todo esto... Ah, sí! El bosque... :P

Ok, ya, vale ya!

Szia!

Anhelo primaveral

jueves, 26 de marzo de 2009



























Céfiros susurrantes soplando tan dulces,
Aromas de flores llenando el aliento!
¡Cómo respiráis saludándome deliciosamente!
¿Qué le habéis hecho al corazón palpitante?
Él quisiera seguiros por vuestros caminos aéreos,
¿Adónde? ¿Adónde?
Arroyuelos, tan alegres susurrando todos a la vez,
Quieren ir abajo al valle, plateados.
¡La onda fluyente, allí corre ella, lejos de aquí!
Hondos se reflejan en ella campos y cielo.
¿Por qué me arrastras, pensamiento anheloso,
Hacia abajo? ¿Hacia abajo?
Del sol saludador el oro juguetón,
Propicio traes delicias de esperanza.
¡Cómo me conforta el divino saludo de tu imagen!
Ésta sonríe tan dulce en el azul turquí del cielo
Y me ha llenado de lágrimas los ojos.
¿Por qué? ¿Por qué?
De verde se festonean bosques y alturas.
Resplandeciente brilla el campo de la nieve.
Así todo se impulsa hacia la luz nupcial;
Se hinchan las semillas, rompen los brotes;
Han encontrado lo que les falta:
¿Y tú? ¿Y tú?

El velo de la Reina Mab

martes, 24 de febrero de 2009

La reina Mab, en su carro hecho de una sola perla, tirado por cuatro coleópteros de petos dorados y alas de pedrería, caminando sobre una rayo de sol, se coló por la ventana de una buhardilla donde estaban cuatro hombres flacos, barbudos e impertinentes, lamentándose como unos desdichados.


Por aquel tiempo las hadas habían repartido sus dones a los mortales. A unos habían dado las varitas misteriosas que llenan de oro las pesadas cajas del comercio; a otros, unas espigas maravillosas que al desgranarlas colmaban las trojes de riqueza; a otros, unos cristales que hacían ver en el riñón de la madre tierra, oro y piedras preciosas; a quiénes, cabelleras espesas y músculos de Goliat y mazas enormes para machacar el hierro encendido, y a quiénes, talones fuertes y piernas ágiles para montar en las rápidas caballerías que se beben el viento y que tienden las crines en la carrera.


Los cuatro hombres se quejaban. Al uno le había tocado en suerte una cantera, al otro el iris, al otro el ritmo, al otro el cielo azul.


La reina Mab oyó sus palabras. Decía el primero:


-¡Y bien! ¡Heme aquí en la gran lucha de mis sueños de mármol! Yo he arrancado el bloque y tengo el cincel. Todos tenéis, unos el oro, otros la armonía, otros la luz; yo pienso en la blanca y divina Venus, que muestra su desnudez bajo el plafón color del cielo. Yo quiero dar a la masa la línea y la hermosura plástica, y que circule por las venas de las estatuas una sangre incolora como la de los dioses. Yo tengo el espíritu de Grecia en el cerebro, y amo los desnudos en que la ninfa huye y el fauno tiende los brazos. ¡Oh Fidias! Tú eres para mí soberbio y augusto como un semidiós, en el recinto de la eterna belleza, rey ante un ejército de hermosuras que a tus ojos arrojan el magnífico Kiton, mostrando la esplendidez de la forma en sus cuerpos de rosa y de nieve.


Tú golpeas, hieres y domas el mármol, y suena el golpe armónico como un verso, y te adula la cigarra, amante del sol, oculta entre los pámpanos de la viña virgen. Para ti son los Apolos rubios y luminosos, las Minervas severas y soberanas. Tú, como un mago, conviertes la roca en simulacro y el colmillo del elefante en copa del festín. Y al ver tu grandeza siento el martirio de mi pequeñez. Porque pasaron los tiempos gloriosos. Porque tiemblo ante las miradas de hoy. Porque contemplo el ideal inmenso y las fuerzas exhaustas. Porque a medida que cincelo el bloque me ataraza el desaliento.


Y decía el otro:


-Lo que es hoy romperé mis pinceles. ¿Para qué quiero el iris y esta gran paleta de campo florido, si a la postre mi cuadro no será admitido en el salón? ¿Qué abordaré? He recorrido todas las escuelas, todas las inspiraciones artísticas. He pedido a las campiñas sus colores, sus matices; he adulado a la luz como a una amada, y la he abrazado como a una querida. He sido adorador del desnudo con sus magnificencias, con los tonos de sus carnaciones y con sus fugaces medias tintas. He trazado en mis lienzos los nimbos de los santos y las alas de los querubines. ¡Ah!, pero siempre el terrible desencanto. ¡El porvenir! ¡Vender una Cleopatra en dos pesetas para poder almorzar!


Y yo, ¡que podría en el estremecimiento de mi inspiración trazar el gran cuadro que tengo aquí dentro!


Y decía el otro:


-Perdida mi alma en la gran ilusión de mis sinfonías, temo todas las decepciones. Yo escucho todas las armonías, desde la lira de Terpandro hasta las fantasías orquestales de Wagner. Mis ideales brillan en medio de mis audacias de inspirado. Yo tengo la percepción del filósofo que oyó la música de los astros. Todos los ruidos pueden aprisionarse, todos los ecos son susceptibles de combinaciones. Todo cabe en la línea de mis escalas cromáticas.


La luz vibrante del himno, y la melodía de la selva hallan un eco en mi corazón. Desde el ruido de la tempestad hasta el canto del pájaro, todo se confunde y enlaza en la infinita cadencia.


Entretanto, no diviso sino la muchedumbre que befa, y la celda del manicomio.


Y el último:


-Todos bebemos del agua clara de la fuente de Jonia. Pero el ideal flora en el azul; y para que los espíritus gocen de la luz suprema es preciso que asciendan. Yo tengo el verso que es de miel, y el que es de oro, y el que es de hierro candente. Yo soy el ánfora del celeste perfume; tengo el amor. Paloma, estrella, nido, lirio, vosotros conocéis mi morada. Para los vuelos inconmensurables tengo alas de águila que parten a golpes mágicos el huracán. Y para hallar consonantes las busco, las busco en dos bocas que se juntan, y estalla el beso, y escribo la estrofa, y entonces, si veis mi alma, conoceréis a mi musa. Amo las epopeyas, porque de ellas brota el soplo heroico que agita las banderas que ondean sobre las lanzas y los penachos que tiemblan sobre los cascos; los cantos líricos, porque hablan de las diosas y de los amores; y las églogas, porque son olorosas a verbena y tomillo, y el santo aliento del buey coronado de rosas. Yo escribiría algo inmortal; mas me abruma un porvenir de miseria y de hambre.


Entonces, la reina Mab, del fondo de su carro hecho de una sola perla, tomó un velo azul, casi impalpable, como formado de suspiros, o de miradas de ángeles rubios y pensativos. Y aquel velo era el velo de los sueños, de los dulces sueños, que hacen ver la vida color de rosa. Y con él envolvió a los cuatro hombres flacos, barbudos e impertinentes. Los cuales cesaron de estar tristes, porque penetró en su pecho la esperanza, y en su cabeza el sol alegre, con el diablillo de la vanidad, que consuela en sus profundas decepciones a los pobres artistas.


Y desde entonces, en las buhardillas de los brillantes infelices, donde flota el sueño azul, se piensa en el porvenir como en la aurora, y se oyen risas que quitan la tristeza, y se bailan extrañas farándulas alrededor de un blanco Apolo, de un lindo paisaje, de un violín viejo, de un amarillento manuscrito.


Aquí podréis oír el cuento: Sherezade en la música

Instantes de eternidad

martes, 26 de febrero de 2008
Porque la eternidad se encuentra en los instantes, y la infinitud en lo finito de la existencia.


Si locura no fuese, cual la araña en su nido
cuidarías la tela de tu vida presente:
¿Y a qué, si nadie sabe si el aliento absorbido
puede volver al aire de donde fue bebido?

Mira esa rosa, cómo su aire de reina asume!
Ella sonríe y dice: -«Yo en esta tierra impero;
de mi bolsa de seda el nudo se consume,
y vierte en los jardines la gracia del perfume».